Las pupilas lubricadas
se expandían y desprendían de tus cuencas perdidas.
Ella te succionaba pretendiendo que te quería.
Cuando tomaste conciencia tus dedos se estremecían ,
se derretían .
Comenzaste a caer al suelo porque tus rodillas se desvanecían
tu cuerpo putrefacto pertenecía a ese musgo extraño
del cual habías escapado hace muchos años.
Tu boca seca y rasgada
dijo sus ultimas palabras;
el delirio no es mas nada que el vidrio perdido en tu garganta.

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